Nuestro amigo Pedro despierta muy temprano en la mañana para ir a su oficina. Al levantarse, y antes de dar con sus gafas para ponérselas, tropieza con cuanta cosa hay regada por el piso ya que padece algunas afecciones en la visión. Luego de preparar su desayuno y tomar su café se dispone a padecer lo que cada día se le ha ido convirtiendo en un verdadero calvario: como vive en la zona occidental de la ciudad y debe dirigirse hacia el oriente en su carro (con el sol de frente) pasa todo el trancón matutino luchando entre ver bien al carro que tiene adelante para no estrellarlo y la luz del sol que lo ciega aún más y le molesta en los ojos y la piel.

El asunto es serio para Pedro: el sol le incomoda pero si se quita las gafas no ve bien a lo lejos. Lo peor es que en su oficina también le cae el sol de frente durante toda la mañana y le cuesta enfocar el computador por estar a contraluz. Su efectividad laboral se está viendo seriamente comprometida y por más que le ha rogado a su jefe, no lo quiere mover de puesto. ¡Claro! Pedro vive tropezando cuando está sin gafas y el sitio donde se sienta parece ser donde representa menos peligro para sus compañeros de oficina.

Para colmo, al finalizar la tarde Pedro debe asistir al colegio de su hijo para el partido de fútbol donde su chico de 14 años espera convertirse en el próximo Messi. El chico no perdonará que su padre no asista y menos aún que se pierda alguna de sus jugadas. Como buen adolescente le tomará la lección al final del partido y todos sabemos que no es buena idea provocar la furia de un adolescente. El problema es que Pedro otra vez, ha quedado con la luz del atardecer de frente y lo que pasa en el partido tiene que imaginarselo. ¡Sabe que está en serios problemas!

Lo que Pedro debe hacer cuanto antes es empezar a protegerse de la luz solar pero sin dejar de ver bien. Tiene que buscarse unas gafas que le permitan contrarrestar los efectos dañinos de la luz solar en sus ojos pero sin perder la buena visión cuando usa sus gafas con fórmula. Aunque el ojo tiene sus propios mecanismos de protección (la pupila y el cristalino) es importante cuidarse de la luz ultravioleta. Si Pedro no se protege puede provocarse lesiones sobre la superficie ocular o la córnea. Aunque todo es tratable, es mucho más sencillo ir a hacerse una valoración y mandar hac0er unas gafas que le sirvan para ambos propósitos. Es simple: o Pedro se pone gafas de sol, o se pone las gafas de ver bien. Ahora, puede tener unas gafas de sol con fórmula para no estar cambiando de gafas todo el tiempo para cada una de sus actividades al aire libre o cuando está conduciendo. Pedro escogió aquí el tipo de lente que mejor se ajustaba a sus necesidades.

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